Marketing viral: ¿siempre eficaz?, por Pablo Melchor, director general de nurun | crazy labs
El del marketing interactivo es, todavía hoy, un sector poco maduro. Uno de los síntomas es la fuerte influencia de las modas sobre la demanda de los anunciantes: nadie quiere quedarse atrás y se siente una cierta presión por invertir en “aquello de lo que habla todo el mundo”.
Ocurrió con el “tenemos que hacer algo para móviles” o el “todo mi presupuesto para buscadores”. Y sigue ocurriendo con el marketing viral.
Aunque tal vez, a diferencia del marketing tradicional, el marketing interactivo nunca pueda llegar a considerarse maduro: las posibilidades son infinitas y las buenas ideas pueden surgir en cualquier lugar del mundo y convertirse en fenómenos globales en cuestión de meses. El mercado de 2007 se parece muy poco al del año 2000.
En este contexto, mi recomendación es siempre la misma: alejarse por un momento del último gran fenómeno y volver a los principios básicos. Y los principios básicos nos dicen que primero debemos definir una estrategia para después elegir las herramientas adecuadas para desarrollarla… y no a la inversa.
Retomemos el ejemplo del marketing viral: ¿a quien no le tentaría la idea de llegar a millones de personas “gastándose dos duros” porque es nuestro propio target quien va a difundir el mensaje? Suena tan bien que es fácil saltarse las preguntas previas (¿cuál es mi estrategia?, ¿es el marketing viral la mejor herramienta para desarrollarla?). Pero en realidad se parte de una idea equivocada que ignora aspectos importantes:
La “letra pequeña” del marketing viral
Tan sólo hay que buscar en Google “marketing viral” para encontrar más de 1 millón de entradas relacionadas con el tema. Definiciones, últimas campañas, casos de éxito, opiniones… en definitiva, miles de referencias que nos llevan a concluir que el marketing viral tiene una gran repercusión social. Pero ¿por qué en algunos casos conseguimos que el usuario se adhiera a nuestra cadena comunicativa y en otros no?
A mediados de los noventa, Douglas Rushkoff formuló en su libro "Media Virus" las bases de lo que hoy llamamos marketing viral. Su hipótesis era la siguiente: si un mensaje con determinadas características llega a un usuario “interesado”, éste "se infectará" de ese mensaje y estará preparado para seguir infectando a otros usuarios sensibles que a su vez transmitirán el “virus” de forma exponencial.
Si pasamos de la teoría a la práctica, encontramos que las claves de la viralidad están en el mensaje y en la forma de comunicarlo a los primeros usuarios “interesados”. Por eso, antes de lanzarnos a utilizar el método del pásalo, el viral incentivado (se ofrece una recompensa por reenviar el mensaje) o el marketing encubierto (el usuario no sabe que es objeto de una campaña de marketing), es importante analizar si nuestro mensaje puede realmente ser “infeccioso”. De lo contrario, el efecto viral puede diluirse y la acción puede volverse contra la marca: no olvidemos que sitios como YouTube han saltado a los titulares tanto por su potencial para hundir la reputación de una marca, es el caso de la empresa Kryptonite que se gastó 10 millones de dólares en arreglar todos los candados que habían vendido, después de que se publicará en Internet un video donde se mostraba lo fácil que era boicotearlos, como por su capacidad para difundir excelentes campañas, que tiene como máximo exponente la archiconocida Amo a Laura de MTV.
Sólo aquellos casos en que se pueden conjugar de manera impecable los objetivos de la marca, el mensaje, y la distribución conseguirán triunfar y lograr esa eficacia tan deseada. Debemos considerar el marketing viral como una herramienta más y el punto de partida nunca debe ser el ya clásico “a ver si podemos hacer algo viral”: definamos una estrategia y, a partir de ahí, seleccionemos las acciones más adecuadas para lograr nuestros objetivos. Puede que el viral tenga cabida o puede que no: lo relevante es la aportación del marketing al negocio, y no la efímera fama de una campaña, por “glamourosa” que pueda llegar a resultar.
Fuente: MarketingNews